Educación debe ser revaluada para cambiar contextos de violencia entre jóvenes, dice activista
27 de marzo de 2006 – “Por mujer y por vieja me dediqué a trabajar con los jóvenes de las pandillas”, dice la líder ecuatoriana Nelsa Curbelo, presidenta de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />la Corporación Ser Paz. Curtida en el trabajo de derechos humanos en América Latina al lado de Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de Paz en 1980, asevera que dejó hace algunos años las labores de desenterrar muertos y ver torturados, porque comprendió que todas esas violaciones a la vida del ser humano pasaban por la educación. “Entonces decidí que era mejor invertir mi tiempo en la enseñanza”.
<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />
La propuesta que lidera desde Ser Paz se centra en acompañar procesos de resocialización de jóvenes a partir de los líderes de cada grupo de pandillas y transformar la realidad que viven. “Ellos, como grupo, tienen un valor y es el hecho de trabajar en hermandades fuertes. Es necesario transformar eso desde ellos mismos en una propuesta para la sociedad”, señala.
Hoy está al frente del proceso que siguen diez grupos, cinco de ellos llamados “El Imperio”, y los demás conocidos como “Nación de Hierro”. El trabajo se concentra en la resocialización de por lo menos 5.000 jóvenes.
Circo y paz
“Acompaño dos propuestas que me tienen enamorada: el circo de los muchachos y los barrios de paz. En la primera, se trata de construir una especie de escuela técnica de circo que pretende convertirse en una propuesta cultural con el apoyo de la Escuela de Payasos de Barcelona y quizás con el Circo del Sol, de Francia”, cuenta Curbelo.
El segundo proceso es el de barrio de paz, “que ha significado entrega de armas e implicado una cantidad de actividades deportivas, organizativas y culturales a partir de las cuales se quiere demostrar que los problemas tienen otras maneras de dirimirse”.
Curbelo expuso estas experiencias ante decenas de jóvenes inquietos por conocer nuevas alternativas de paz, “que pretenden solucionar un problema al cual no se le prestó atención hace más de 14 años y que ahora tiene al país de cabeza”.
La activista estuvo en Medellín, Colombia, el pasado 16 de marzo, participando en el Seminario Internacional Cultura de Paz y Reconciliación Juvenil, convocado por la Corporación Cedecis, el Instituto Popular de Capacitación (IPC) y la agencia sueca de cooperación Civis, espacio desde donde se desea promover entre la juventud la comprensión y la práctica de una cultura democrática de paz a partir de experiencias nacionales e internacionales.
Fenómeno cultural y político
Para Curbelo es necesario revaluar las actuales formas de educar: “La educación tiene que cambiar porque no corresponde para nada a las necesidades y a la manera cómo los jóvenes viven, y cuando tenemos jóvenes involucrados en procesos violentos el ambiente educativo y los profesores deberían saber que deben partir de otros conceptos menos tradicionales”.
Según la activista, en Ecuador el 70% de los pandilleros están en colegios privados, públicos, religiosos y técnicos, “lo que quiere decir que es un fenómeno cultural y político, que refleja una manera de vivir la ciudad”.
Para ella es necesario oponer a la propuesta cultural de destrucción otra de construcción, “pero siempre y cuando los adultos sepamos escuchar, entender, aceptar lo que pasa. Si aprendemos eso y podemos acompañar un proceso, las respuestas serán más amplias”.
Afirma que, sin duda alguna, los jóvenes son víctimas y también victimarios, producto de una sociedad que no ha podido entender estos fenómenos. “Es mucho más grave tener jóvenes en conflictos armados que tener adultos, porque los jóvenes si no tienen familia no miden las consecuencias de sus actos, carecen de la perspectiva de un adulto; armar a la juventud es muy grave y desarmarla es muy difícil, porque el arma le da un poder que a veces no tiene o cree que le da un poder que no tiene”.
A su juicio, los jóvenes “pueden mostrarnos a los adultos que son capaces de hacer un mundo mejor si aprenden a construir una manera más inteligente de resolver los conflictos que peleándose y matándose”.
Radiografía ecuatoriana
Guayaquil es la ciudad más grande de Ecuador, tiene el principal puerto y es el centro comercial del país. Cuenta con poco más de dos millones de habitantes y uno de sus problemas más complejos son las pandillas. Se calcula que por lo menos son 200 grupos integrados por cerca de 60.000 jóvenes entre los 12 y los 25 años de edad, cohesionados alrededor de las ideas de hermandad y amistad, quienes se concentran en luchas territoriales que dejan muertos y heridos y están vinculados a la delincuencia.
Las pandillas surgieron hace cerca de 22 años en Guayaquil y Quito, pero desde hace 14 años se han multiplicado de forma más intensa. Adicionalmente, la creciente migración de ecuatorianos a España ha implicado que en ciudades como Madrid el fenómeno se reproduzca y se contabilicen, extraoficialmente, 3.000 pandilleros que llevaron su lucha territorial al país ibérico.
Entrevista concedida a Juan Diego Restrepo E. del Instituto Popular de Capacitación (IPC) de Medellín, Colombia.
Para leer el artículo original haga clic aquí.






